3:48 de la madrugada, mi habitación estaría completamente a oscuras, de no ser por un destello de luna que se cuela por la pequeña rendija de la ventana, que la persiana no logro tapar, 3:48 am ; que tranquila es la vida a las 3:48 am, sin celulares que repiquen todo el tiempo el ultimo ringtone de moda, sin personas que te pregunten ¿por quién vas a votar en la segunda vuelta?, y sin ver a mi despreciable vecino; que no se en que piso vive porque evito entrar en el ascensor con él -despreciable porque pidió a la junta directiva de mi edificio que eliminen a las mascotas de los propietarios- no verlo es quizá lo mejor que tienen las 3:48 de la mañana.
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